Plan PROGRESAR

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Publicado en Clarin 30/1/2014

 

Después de larga ausencia la Presidenta de la Nación apareció en público en el 2014 para anunciar un programa de becas para jóvenes desocupados denominado PROGRESAR. Mejor dicho para jóvenes de 18 a 24 que no hayan finalizado estudios universitarios y que sean  desocupados, trabajadores informales y aún formales ganando menos de un salario mínimo. Un verdadero programa de “becas para todos y todas”  que promete ser masivo ya que solo los denominados jóvenes ni-ni rondan el millón y la gran mayoría de los potenciales beneficiarios no tienen estudios universitarios completos. Realizaré algunos comentarios sobre esta iniciativa presidencial.

En primer lugar, es un programa de becas en el que curiosamente no hay requisito alguno de aprobación del cursado (http://www.progresar.anses.gob.ar). Una beca en cualquier lugar del mundo es una ayuda económica para que la persona pueda concluir un determinado nivel educativo y se interrumpe si el beneficiario no cumple su parte del contrato tácito. Esto no existe en nuestro PROGRESAR criollo; se puede recibir el dinero con solo “calentar la silla”. La laxitud del requisito: “presentar certificados de que se está estudiando” pero no de que se está aprobando es un grave error y apesta a populismo. La exigencia de completar los niveles educativos debería ser una parte esencial del programa

En segundo término, PROGRESAR tiene algo en común con otro programa de este gobierno: la Asignación Universal por Hijo. Este fue puesto en vigencia por decreto cuando la oposición estaba a punto a sancionar una ley sobre el tema luego de las elecciones de 2009 en las que el oficialismo tuvo un muy pobre desempeño. El nuevo programa surge como necesidad de recuperar iniciativa luego de la derrota electoral de 2013 y en medio de los desaciertos contemporáneos en materia económica. En síntesis, La AUH y PROGRESAR no son frutos del amor sino del temor.

El tercer aspecto refiere a la creencia de este gobierno que repartiendo dinero se solucionan  los problemas y ello sucede porque es probable que no sepan hacer otra cosa. Veamos, los sistemas educativos salvo las universidades está en manos de las provincias. Ninguna mención en este nuevo programa sobre la coordinación necesaria para brindar la infraestructura y docentes necesarios para un programa que pretende ser masivo. Es fácil darse cuenta que un programa de esta naturaleza trae aparejados problemas de gestión formidables. ¿Están los centros de formación de adultos en condiciones de absorber un contingente tan amplio de estudiantes? Y me refiero a estos centros porque imagino que no se trata de enviar a estos jóvenes al sistema formal común junto a niños o adolescentes aunque en la normativa solo se dice que deben ser establecimientos oficialmente reconocidos. Sucede lo mismo con el cuidado de los niños de aquellos beneficiarios que tengan familia. El cuidado infantil precisa no solamente infraestructura sino también personal y de esto hay muy poco dicho más allá de que se encargará el Ministerio de Desarrollo Social. El nivel de improvisación de este programa es escalofriante

En cuarto lugar, creer que los jóvenes no estudian simplemente porque no tienen dinero es un planteo extremadamente simplista. Difícilmente la actual escuela secundaria sea atractiva para esa franja de edad. Es preciso que el componente educativo deba ser un aspecto de un programa juvenil mas amplio donde la preparación para el trabajo, el desarrollo cultural (música, cine, etc.) y el deporte sean los otros componentes necesarios para atraer a los jóvenes nuevamente al mundo de la educación y esto exige una capacidad de gestión extremadamente alta que el gobierno nacional ha demostrado no poseer y que es imposible de realizar sin la participación de los gobiernos locales en los que esta capacidad de gestión tampoco abunda.

Finalmente, se plantea el eterno problema de la selección de beneficiarios y la discrecionalidad. ¿cómo se constatará la veracidad del nivel educativo alcanzado por el solicitante? ¿Cómo se determinará la condición de desocupado con el altísimo grado de informalidad que tiene el mercado laboral argentino? ¿cómo se determinará el nivel de ingreso de aquellos informales que deben ganar menos de $3600  para calificar para el programa?. Cuando no hay criterios objetivos vale el dedo de quien otorga el beneficio y con él, el mundo del clientelismo, esencia de la política social del kirchnerismo.

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Escrito por Aldo Isuani, el 30 de enero de 2014

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